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27 Ago 2018

“Mi trabajo es un proceso incesante de reflexión” Gustavo Díaz Sosa

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¿Cuándo y por qué elegiste las artes plásticas como profesión?

Desde muy niño encontré en el dibujo y la pintura un modo de reflexión y expresión que superaba el lenguaje común de los hombres. Pintar era para mí como para un científico es desarrollar una fórmula matemática, un modo de llegar a la respuesta, una herramienta para manifestar y resolver mis inquietudes. Desde muy niño me atrajo la cualidad misteriosa y metafísica de poder crear un mundo a nuestra imagen y semejanza como si fuera Dios. Pintar era mi modo de escape, un viaje a otra dimensión, todo un ritual que trascendía el plano físico de los sentidos y traspasaba al plano de las emociones, al mundo de los deseos. La idea de dar forma a los sentimientos que no se alcanzan a ver era lo que más me inquietaba.

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Gustavo Díaz Sosa fotografiado en Tinerghir, Marruecos. 2012 ©Ana Gutiérrez Rodríguez

A los siete años hice mis primeros intentos de pintar. Utilizaba cartulinas viejas agujereadas por polillas y restos de pinturas de esmalte que encontraba por casa. Recuerdo que jugaba con las manchas, experimentaba y buscaba formas sin sentido aparente. Sencillamente disfrutaba como si estuviese recordando algo que ya había aprendido en una vida anterior. Con el tiempo quise dominar y perfeccionar ese lenguaje; fue entonces que con el apoyo de mis padres comencé a recibir clases particulares de dibujo y pintura. A los catorce años ingresé en la Academia Nacional de Bellas Artes «San Alejandro», en La Habana, donde me gradué en el año 2002 con Título de Oro. No alcanzo ver en mi memoria cuándo fue la primera vez que dibujé sobre un papel, pero puedo afirmarte que en mis más tempranos recuerdos ya lo hacía con una especial sensación.

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Gustavo Díaz Sosa fotografiado en su estudio. Arteleku. Donostia-San Sebastián. 2008 © Ana Gutiérrez Rodríguez

¿Crees que es posible detectar alguna influencia de tus raíces cubanas en tus obras? 

Sería falso negarlo, pero habría que profundizar mucho en la evolución de mi obra para afirmarlo. Lo cierto es que todo aquello que vivimos, sobre todo en nuestra infancia, nos marca un sello de por vida aunque no seamos conscientes. Es imposible negar las huellas que dejan las raíces y eso se manifiesta en nuestra obra diaria. Somos lo que hemos forjado. Y aunque considero que mi obra es de carácter universal, entiendo que al público le tienta relacionar mi trabajo con mis orígenes cubanos. Pero en realidad nunca fue mi intención que así fuera. Algunos de los temas que he tocado como “Éxodos de Nuevo Milenio” o “De Burócratas y Padrinos” son fáciles de relacionar con la historia de mi país, pero en realidad son temas que implican a toda la humanidad.

Mi obra es una constante búsqueda filosófica de la “Ciencia del Hombre”, su historia y los misterios de su existencia, esto es en realidad un leitmotive universal. Es por ello que no estoy de acuerdo con quienes han intentado enmarcarla como un reflejo de mis orígenes. Pero a su vez, el carácter autobiográfico que en ocasiones se desvela, podría remitir a mis comienzos, aunque no de forma tan significativa como sucede con otros artistas cubanos. En mi obra narro de una forma poética todo aquello que vivo, reflexiono o experimento como ser, de ahí su carácter filosófico-autobiográfico y, por tanto, no creo que se desvincule tajantemente de mis raíces culturales, pero es muy difícil señalar una relación directa.

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RD1. Camino equivocado al Cielo. Gustavo Díaz Sosa. 80 x 120 cm. Mixta / madera. 2018.  Otras obras del artista en Mecenas 2.0

¿Al igual que en la música consideras que existen características comunes en el arte producido por artistas latinos?

Podría decirse que sí, pero más bien en el arte popular, como sucede con la música.

Con esto quiero decir que, al igual que existe una música popular latinoamericana con diversos géneros o tendencias dentro de este gran todo, podemos encontrar una pintura popular en la que encontraremos características comunes. Pero no estoy afirmando que en toda creación latinoamericana se manifiesten dichas características.

Al igual que en Europa, Asia o Estados Unidos, el arte y la literatura latinoamericana ha vivido épocas muy caracterizadas por determinadas tendencias. Esto es debido a las influencias marcadas por determinadas escuelas y las circunstancias políticas, sociales, culturales y religiosas de cada región en determinados momentos de su historia. Pero en la actualidad es más difícil afirmar esto ya que el arte, como todo hoy en día, ha traspasado toda clase de fronteras rompiendo así toda clase de estereotipos. Hoy en día esos parámetros comunes se conservan más bien dentro del arte popular, como sucede en la música.

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Otro infierno, pero no como el de Dante. Gustavo Díaz Sosa. 130 x 195 cm. mixta / lino. 2017. Otras obras del artista en Mecenas 2.0

Uno de los arquitectos más aclamados del mundo, el holandés Rem Koohaas, premio Pritzker (2000) dejó el periodismo para centrarse en la creación arquitectónica. Según él, “la arquitectura es una manera de pensar” ¿Cuál es tu relación con la literatura y la arquitectura?

La arquitectura es un gran archivo documental de la historia del Hombre. La mayor fuente de documentación que tenemos sobre nuestros antecesores es gracias a la supervivencia de sus obras arquitectónicas y en lo que en ellas se ha custodiado. A su vez, para que estas grandes construcciones sobrevivan milenios es necesario que cumplan las leyes del Universo. Esto es lo que me resulta tan fascinante. Para levantar un gran templo es importante conocer cómo funciona la Obra Mayor del Gran Arquitecto: el Universo. Algunos consiguen comprender este funcionamiento a través de las matemáticas; otros con estados elevados de consciencia y a través de la palabra. En cualquier caso, comprender la ciencia del Universo es fundamental para poder elevar grandes templos sin perecer en el intento.

Lo que vemos con las matemáticas o ese estado elevado de conciencia no son cosa del hombre, sino la “ecuación” con la que se rige el Universo, la Mayor Obra Maestra. Esto existe mucho antes que el hombre –como la alquimia en los elementos y en la naturaleza de los seres–. Comprender esta “ecuación” y aplicarla es lo que ha permitido al ser humano enfrentarse al fascinante reto creativo de edificar grandes templos al servicio de la humanidad. Por ello no me sorprende que Koohaas se haya declinado por la creación arquitectónica.

Pero debemos tener en cuenta que la arquitectura no solo ha servido para darnos refugio, sino también para dominarnos. Esta dualidad también me fascina. No solo veo en la arquitectura un archivo histórico o un techo que ofrece refugio, sino también una herramienta de poder que nos minimiza ante los que imperan.

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Como es Arriba y Abajo, 2018. Gustavo Díaz Sosa. Técnica mixta sobre lino. 130 x 195 cm. Otras obras del artista en Mecenas 2.0

Por otro lado, remitiéndome a tu pregunta, en la literatura puedes encontrar en el lenguaje de las palabras el legado de los más sabios. Pero no todo lo escrito es verdaderamente útil o bueno. Debemos ser selectivos con las fuentes de conocimientos a las que nos acercamos para nutrirnos. Para eso se ha de investigar, para investigar se precisa leer.

En el caso de mi obra se puede apreciar una relación con algunos personajes de la literatura o formas de pensamiento de algunos autores. Me remito a ellos como base para transmitir mi mensaje.

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Páginas del cuaderno de Gustavo Díaz Sosa

En algunas declaraciones a la prensa has dejado entrever que no sigues una línea de trabajo previamente pensada. ¿Es cierto? ¿Podrías explicar cómo es tu proceso creativo?

Mi trabajo es un proceso incesante de reflexión, no solo en la parte conceptual de la obra, sino también durante su ejecución. Como las mismas voces que atormentan la mente del pensador, mis manos se mueven sobre el lienzo intentando dar con el trazo adecuado. En realidad no busco la perfección académica, sino que irradie la vibración adecuada para transmitir lo que deseo. Pongo mayor interés en lo que la obra es capaz de despertar emocionalmente, que en la perfección de su ejecución.

Tengo cuadernos de bocetos que llevo siempre conmigo y en los que escribo y dibujo prácticamente a diario. En ellos está la verdadera obra, la parte más honesta de mí como persona y artista. En muy pocas ocasiones han sido expuestos al público y no todo lo que hay en ellos es para ser compartido.

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Páginas del cuaderno de Gustavo Díaz Sosa

A partir de lo que sucede en esos cuadernos surge la motivación que me impulsa al soporte del lienzo, pero nunca con la intención de reproducir una idea preconcebida, sino de continuar lo que se despertó al dibujar en el papel. Por eso muchas de mis pinturas parecen bocetos inacabados, y es que para mí el lienzo es también un boceto.

Me paro frente a la tela en blanco sin idea previa de qué voy a pintar, sólo llevo conmigo una carga emocional que busco desahogar en imágenes. Por eso entro en conflicto cuando realizo obras por encargo, bajo demanda o cuando me piden una pieza de una etapa ya pasada. Cuando esto sucede logro ejecutar la obra, pero el compromiso que conlleva afecta la esencia de mi proceso creativo.

Como espectadores de tu obra tenemos la sensación de apreciar algo inacabado, como si, de pronto, la pintura se hubiera parado. ¿Tiene este proceso alguna relación con la idea de “obra abierta” preconizada Umberto Eco y Roland Barthes?

Cuando estudiaba bellas artes pedí a uno de mis maestros que viniera a mi taller para pedirle consejo sobre cómo acabar una pieza que tenía empezada. Yo estaba inquieto porque me gustaba tal y como estaba, pero no iba ni por la mitad de lo que me había propuesto antes de empezarla. Mi maestro dijo «lo difícil no es hacer la obra, sino saber cuándo darla por acabada». Me incitó a que si me gustaba la diese por terminada, pero yo insistí en seguir trabajando en ella y terminé estropeándola. Aquel día cambió mi concepto de la pintura.

Desde entonces me propongo no temer a dar una obra por «acabada», poderla «abandonar» en mitad de su proceso si siento que es el momento. Y es que el lienzo es para mí como otra página de mis cuadernos, sólo que admite más materia y es de mayor escala. Desde entonces no persigo una perfecta ejecución o un acabado evidente en la obra, sino cómo me siento yo al ejecutarla. Por eso en ocasiones parece que repito cuadros, cuando en realidad busco una versión mejor de la misma idea. Y es que cada pieza es un ensayo.

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Gustavo Díaz Sosa fotografiado en su estudio. Arteleku. Donostia-San Sebastián. 2008 © Ana Gutiérrez Rodríguez

Considero que de este modo la obra es más honesta. No busco mostrar una ejecución académica sublime, sino solo irradiar aquello que me he propuesto decir. Disfruto cada borrón, accidente o craquelado sobre el soporte. Cada herida en el lienzo es parte del proceso. De ese modo siento que la obra está viva y vibra. Acabar una obra es como matarla. En verdad la obra nunca acaba, sigue viva, se transforma, actúa y al llegar al público continúa creciendo. Podría decirse que la obra comienza en el taller del artista, pero en verdad es quien la recibe el que le da continuidad en su interior transformándola en emociones.

No sé si este concepto es suficiente para acercarse al de «obra abierta» de Umberto Eco y Roland Barthes, pero es la razón por la que considero que mi obra nunca está acabada.

Muchos críticos de arte relacionan tus pinturas con clásicos de la filosofía desde Aristóteles hasta Kant. ¿Buscas estas conexiones?

Es cierto que he estudiado y leído diversas formas de pensamiento y es inevitable que aparezcan reflejadas en mi trabajo. No busco esas conexiones conscientemente, sencillamente suceden. Es más bien la consecuencia de haber vivido prestando atención a mi existencia. Esto mismo es lo que te conduce hasta dar con el conocimiento que hombres sabios han dejado como legado en grandes escritos. Estudiarlos es complementar y enriquecer tu propio pensamiento. Pintarlos es mi forma de manifestarlo o contarlo. Se podría decir que mi obra es un modo de ilustrar ese conocimiento, pero a través de imágenes en lugar de palabras.

La vida en sí es un libro que escribimos con cada segundo de nuestra existencia, la riqueza de su contenido será proporcional a cómo y cuánto vivamos. Algunos críticos dicen que soy más filósofo que artista —las etiquetas hacen mucho daño—. ¿Qué es el arte si no una forma de pensamiento? Sí, es cierto, hay puntos de conexión con Aristóteles, Kant, Nietzsche, Sartre, Kierkegaard…, pero también con mi amigo Manuel que conduce un camión y no ha leído a ninguno de estos grandes sabios, pero a él nunca le mencionan porque nadie lo conoce. O qué hay de los puntos de conexión con mi esposa Beatriz, con la que he pasado más horas creciendo a su lado que leyendo grandes libros.

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Otro infierno, pero no como el de Dante, 2018. Gustavo Díaz Sosa . Técnica mixta sobre lino 130 x 195 cm. Otras obras del artista en Mecenas 2.0

¿Existe algún tipo de tensión o conflicto religioso en tus cuadros?

¿Acaso no existe tensión y conflictos religiosos en el mundo en el que vivimos? Yo no diría que existe tensión o conflicto religioso en mi obra, sino más bien en quienes así lo perciben.

Mi trabajo es una búsqueda constante de respuestas a nuestra a existencia. Considero que la Humanidad se encuentra perdida porque ha olvidado su verdadera esencia como el niño que olvida su inocencia al hacerse adulto. Elegimos por libre albedrío, pero el sistema nos hace elegir erróneamente bajo los intereses de los que dominan. No sabemos discernir entre lo corruptible y lo incorruptible, lo perecedero y lo eterno. De ese modo dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en  lo que otros quieren. ¿Qué ha sido de la Libertad? ¿Qué ha sido del soplo de Dios que dio vida a Adán? ¿Qué ha sido de la Verdad?

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Hoja del cuaderno de Gustavo Díaz Sosa

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy?, ese es el leitmotiv constante de mi trabajo. Comprender estas cuestiones debería ser lo más importante en la vida del ser humano, sin embargo el modo en el que nos han “programado” nos distrae de poder comprenderlas.

La Galería Victor Lope presentaba con estas palabras tu exposición “De Apóstoles y Apóstatas”: “Gustavo Díaz Sosa nos describe en su obra a una sociedad perdida, anónima, global, rendida y desesperada ante lo que se presume como democracia.” ¿Cómo describirías nuestra sociedad? ¿Hacía dónde vamos?

Creo que estamos viviendo a modo global un despertar de la conciencia que es consecuencia de la propia cadena evolutiva del pensamiento humano. Vamos heredando el conocimiento necesario para desprendernos de las cadenas que nos atan a lo no verdadero. Algunos dicen que vivimos en el posmodernismo, pero creo que en verdad podríamos estar viviendo un neo-renacimiento. Pero esto es aún insuficiente en comparación con la gran avalancha de consumismo que cada día cae sobre nosotros. Considero que la humanidad está en ese proceso de gestación para algo mejor, pero falta mucho aún. Cuando se habla de democracia entendemos que vivimos en una sociedad donde podemos ejercer ciertos derechos y que la práctica de esos derechos es sinónimo de libertad, pero ¿en realidad es cierto? Puedo elegir vivir sin ordenador ni teléfono móvil, pero el sistema en el que vivimos te condiciona a hacer uso de ellos; entonces ¿en verdad somos libres? Puedo negarme a formar parte del sistema, pero ¿tendría entonces igual oportunidad de privilegios de quienes siguen las normas establecidas? La iglesia nos enseña a temer a Dios, pero ¿acaso Dios no es todo Amor? Entonces, por qué hay que temerle.

Debemos recordar nuestro origen, nuestra verdadera esencia. No somos hijos del hormigón ni del asfalto, no somos descendientes de la tecnología ni de las hamburguesas en bolsas desechables, somos hijos del agua, del fuego, del aire y de la tierra. No somos hijos de lo que nos han contado acerca de las pirámides de Guiza, sino de lo que en verdad sucedía en ellas.

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Gustavo Díaz Sosa fotografiado en su estudio. Arteleku. Donostia-San Sebastián. 2008 © Ángela Megías

Ai Wewei, JR o Olafur Eliasson son artistas comprometidos socialmente que luchan para lograr un cambio en el mundo a través del arte. Nos podrías hablar sobre el transfondo de tu serie “Éxodos de Nuevo Milenio” ¿Te consideras un artista activista? ¿Tu arte busca una denuncia, una transformación social?

No me considero un artista activista como lo son Ai Wewei, JR, Olafur Eliasson o Banksy. Reconozco que mi obra tiene un trasfondo social y como tal cumple una función, pero no me etiquetaría como un artista activista. No pretendo denunciar ni provocar una revolución social. Sencillamente comparto mi forma de pensamiento y, aunque mi discurso puede incitar a un despertar de la conciencia, considero que ese es un trabajo personal que ha de realizar cada individuo desde su interior. Si mi obra actúa como detonador para que eso suceda, entonces me alegraré por haber servido y contribuido para que así sea, pero no espero ese reconocimiento.

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RD7. Serie “Huérfanos de Babel” 162 x 130 cm. Mixta / lino 2018. Otras obras del artista en Mecenas 2.0

En otras entrevistas de nuestro magazine, pedimos a los entrevistados que eligieran una obra en nuestra plataforma. El presentador Christian Gálvez, el pintor Carlos Jorkareli y Jaime de los Ríos, uno de los directores del Festival Art Futura han elegido algunas de tus obras. ¿Por que crees que tus obras ejercen esta fascinación?

No me atrevo a contestar con certeza esta pregunta. Sería más interesante escuchar a quienes les fascinan. Pero intentando responder, me atrevería a decir que el discurso de mi trabajo y su forma de ejecución parece tocar ciertos puntos sensibles en la esencia de las personas que no les deja indiferentes. Queda de parte del público-receptor escuchar o no lo que en ellos despierte.

No todas las obras creadas causan las mismas sensaciones a todo espectador. Cada uno experimentará la obra de un modo personal y único. Y cada interpretación individual será igual de válida por opuestas que parezcan. Recuerda, la obra no termina en el taller del artista, ahí sólo comienza… Y esto es lo que hace precisamente tan fascinante al Arte.

Y para terminar, ¿podrías elegir una obra en la plataforma Mecenas 2.0 y decirnos el por qué de tu elección?

Tras el desarrollo de esta entrevista elijo la obra de César Blay, en especial las piezas “El hombre que no sabía lo que buscaba y lo encontró“ y “Quijote“. No será difícil comprender por qué.

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El hombre que no sabía lo que buscaba y lo encontró, 2015. César Blay. Fotografía. 54 x 70 cm. Impresión digital sobre dibond
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El Quijote, 2015. César Blay Fotografía. 46 x 70 cm. Impresión digital

Más información del artista en https://www.gustavodiazsosa.com

Fotografía de portada. Gustavo Díaz Sosa fotografiado en su estudio. Arteleku. Donostia-San Sebastian 2007 ©Antonio Di Bellonio 

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