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12 Sep 2017

En el Renacimiento el hombre es un adolescente que ya no hace caso a papá

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La pasión de Christian Gálvez por el renacimiento ha fraguado en la publicación de varios libros sobre tres grandes genios del arte: Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti y Rafael Sanzio. Esta afición ha convertido a Christian en un experto de uno de los momentos de la historía más importantes para nuestra cultura.

-Eres un profesional de la comunicación con muchísimo éxito. Podrías dedicar tu tiempo libre a descansar, a “vivir bien”, sin embargo estás entregado a trabajar intensamente sobre una época en la que los artistas eran la élite de la sociedad ¿Por qué esa pasión por el renacimiento?

Bueno, creo que en realidad podríamos rescatar muchas cosas del Renacimiento. Entre ellas, el respeto por las palabras “polímata” y “multidisciplina”. Para mí el Renacimiento es esa época en la que el hombre es un adolescente que ya no hace caso a papá. Se hace preguntas y quiere buscar las respuestas por sí solo. De ahí la ruptura entre ciencia y religión. El Renacimiento es mucho más que arte y artistas. Ellos sólo creaban en un entorno histórico lleno de luces y sombras, donde la iglesia se fracturaba, la economía se prostituía y la ciencia se abría paso casi clandestinamente. El arte reflejaba todo eso: la fe, con los encargos de Roma; la economía, con los encargos de los Medici; y la ciencia, con el simbolismo de los maestros multidisciplinares.

-¿Consideras que la sensibilidad y la inteligencia están unidas? ¿Por qué los grandes poderes del renacimiento se interesaban tanto por el arte?

No creo que tengan un nexo inexorable. Podemos hablar de grandes estrategas militares o dictadores, y debatir si eran inteligentes, si eran sensibles, si eran ambas cosas o ninguna de las dos. En cuanto a los poderes del Renacimiento (léase los Médici, los Borgia, los Della Rovere o los Chigi, por poner algunos ejemplos) no sólo admiraban el arte (unos más que otros) si no que eran plénamente conscientes de que a través de las obras pictóricas o escultóricas podían mandar mensajes de poder. Un gran ejemplo fue el David de Michelangelo Buonarroti. Un símbolo pétreo de una ciudad floreciente, Firenze, colocado en dirección a su mayor enemigo, Roma, haciendo aquí las veces de Goliat. Los compradores que encargaban tales colosos, bien bajo cincel, bien bajo pincel, pagaban también por el simbolismo que llevaba intrínseco. Todos querían mandar un mensaje de poder, bien económico, bien religioso. Luego dependía de la astucia del artista representar por lo que se le pagaba o preferir sus propias convicciones. Véase, por ejemplo, la Capilla Sixtina.

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La creación de Adán. Capilla Sixtina. Miguel Ángel Buonarroti

– Según el informe realizado por Marta Pérez Ibáñez e Isidro López-Aparicio “La actividad económica de los/las artistas en España”, menos de un 15% de los artistas españoles pueden vivir del arte. ¿Qué lectura haces de este dato contrastándolo con la vida de los artistas en el renacimiento italiano?

Desgraciadamente el único informe que tenemos del Renacimiento italiano pertenece a Giorgio Vasari, y su obra a veces hay que cogerla con pinzas. En el caso de los estados italianos del siglo XV, había necesidad de arte y, por lo tanto, de artistas. Estos eran capaces de convertirse en auténticos mercenarios para conseguir sobrevivir, para conseguir sus objetivos. Tenemos el caso del archiconocido Leonardo da Vinci, un hombre que aborreció la guerra durante toda su vida y que sin embargo, no dudó en trabajar como ingeniero militar diseñando máquinas con aplicaciones bélicas bajo las ordenes de Cesare Borgia. Hoy en día el mundo del arte está menospreciado. Son muchos los que consideran que el arte y los artistas son inútiles. Que un entretenimiento casual es lo único que ofrecen y son machacados bajo el estigma del IVA. Recomiendo leer “La utilidad de lo inútil” de Ordine para darnos cuenta de lo mucho que puede aportar el arte y los artistas.

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Leonardo Da Vinci. Maquina de guerra compuesta de ocho hondas. Códice Atlántico.

– ¿Crees que sería bueno que en nuestra sociedad se pasara de la especialización a la polimatía que imperaba en el renacimiento?

Mi corazón dice que sí. Mi cerebro grita: “¡Espera!”. ¿Por qué digo esto? Mucho me temo que si girásemos el timón en dirección a la polimatía se exigiría en numerosísimos puestos de trabajo esa capacidad multidisciplinar solo para abaratar costes. Una persona no cobraría en base a su know how, en base a sus conocimientos. Cobraría una nómina y el empresario se ahorraría dos o tres más. Creo en la polimatía en algunos casos y en la especialización en otros pero creo que por encima de otro una persona vale aquello que pueda ofrecer y que pueda generar.

-Tu primer proyecto vital fue ser profesor. En tus libros se disfruta muchísimo del arte y de la historia,…son como un paseo por el Renacimiento.. ¿Queda algo en ti de maestro? ¿Escribes con el objetivo de formar, de transmitir a tus lectores un conocimiento sobre el renacimiento?

No sé si queda algo en mí de aquella faceta que abandoné hace mucho tiempo, ya que tengo que reconocer que no llegué a terminar la carrera, como ya he comentado en alguna que otra entrevista. No pretendo enseñar a nadie, ¡menuda responsabilidad!, sólo quiero que la gente disfrute, que se descargue de prejuicios y si además a esa persona se le despierta la curiosidad, maravilloso. Si un lector o una lectora terminan el libro cargados de preguntas y con ganas de saber más sobre el Renacimiento italiano, entonces he ganado como escritor.

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-En tu libro “Rezar por Miguel Ángel” incluyes una APP que enriquece la experiencia de la lectura del libro físico con el sonido del renacimiento. La incorporación de este elemento innovador nos lleva a los bocetos e inventos de Leonardo Da Vinci, siempre intentando aprender y cruzar los límites de todas las disciplinas ¿Cómo visualizarías a este gran genio si viviera en nuestra época?

Te hablaré de los dos, ya que estoy de acuerdo con las palabras del filósofo católico y escritor espiritual francés padre A. D. Sertillanges, dominico y miembro del Instituto de Francia. Podemos encontrar dos tipos de inteligencia personificados en las figuras de Michelangelo Buonarroti y Leonardo da Vinci. En el caso del pintor, escultor, arquitecto y poeta Michelangelo, podríamos hablar de una inteligencia concentrada. La inteligencia de Buonarroti, ni mejor ni peor que la de Leonardo, unificaba funcionalmente todos sus conocimientos con un único objetivo: la potencia (fuerza). Examinemos ahora la mente de Leonardo, su inteligencia expansiva. Fue pintor, científico, matemático, ingeniero, inventor, anatomista, escultor, arquitecto, urbanista, botánico, músico, poeta, filósofo y escritor. Pero, lejos de permanecer impávido en cada una de las ramas del saber, Leonardo siempre buscó la sincronía entre los conocimientos para llegar a un objetivo común. La pregunta es: ¿Quién de los dos es mejor?. Voy más lejos: ¿hay gente con esas inteligencias hoy en día entre nosotros? Pero, para esta última pregunta casi retórica, sí tengo respuesta. Por supuesto, sin embargo, y en muchas ocasiones, esas inteligencias van acompañadas del siguiente titular: “Fuga de cerebros”.

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Detalle de la Gioconda Leonardo Da Vinci
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Detalle del David de Miguel Ángel Buonarroti

-¿Te hubiera gustado vivir en el renacimiento italiano? ¿Crees que habrías sido un artista?

Por supuesto, sobre todo en Firenze. Dijo una vez Leonardo da Vinci : “Mediocre el alumno que no supera a su maestro”. Es por ello que me hubiera encantado ser alumno y a través de la curiosidad, de la observación, de la perseverancia, del sacrificio y de la pasión convertirme en maestro. Y sí, artista.

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-¿Tienes obras de arte en casa? ¿Crees que es importante convivir con arte?

Solo tengo libros antiguos, que me gusta coleccionar. El arte es vital, en todas sus vertientes. No soy amante de todo el arte, para nada. Hay cosas que no termino de comprender, y hay otras que me vuelven loco, como la escuela florentina del S. XV y el hiperrealismo. El arte provoca, y es esa provocación la que llama la atención. Pasa lo mismo con los deportistas o con los profesionales de la comunicación. Su marca personal es la que atrae o provoca, y esa atracción y/o provocación atrae de la misma manera seguidores a sus redes sociales. El arte en cualquiera de sus manifestaciones provoca algo. Y ese desafió, esa incitación, es la que nos conmueve. Si Goethe dijo: “Sin haber visto la Capilla Sixtina, no es posible hacerse idea cabal de lo que el ser humano puede llevar a cabo”. A veces, no hace falta pintar 460 metros cuadrados para admirar la grandeza de un artista.

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Capilla Sixtina. Miguel Ángel Buonarroti

-Una fotografía de una artista de Mecenas 2.0 nos lleva a una frase de una canción de Dani Flaco, que significa mucho para ti “Solo tengo una bandera digna de sacrificio y es la sábana que cubre el cuerpo de mi mujer” ¿Qué significa esta frase para ti? ¿Por qué te gusta tanto?

En realidad ese verso es de Carlos Goñi, de la canción “Mestizo”. Creo que resume muy bien el hecho de que el amor, en todas sus acepciones, está por encima de las fronteras, en todas sus dimensiones. Me parece un verso con mucho, mucho valor.

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Noche. Fotografía de Leticia Felgueroso

¿Qué opinas del arte contemporáneo? ¿Sigues a algún artista?

En lo que se refiere a las tendencias artísticas desde el siglo XX, no suelo indagar demasiado. El Renacimiento me absorbe demasiado tiempo. Si excluimos la literatura, la música y el cine, te puedo apuntar, ya mencionado anteriormente, el hiperrealismo, que me cautiva de una manera sobrenatural. También me atrae el body art, algo ligado al mundo del tatuaje (tengo varios) o a la comunicación audiovisual. Como amante del cine y los videojuegos, soy muy fan del arte virtual, pero no tengo un nombre de alguien a quien siga de manera habitual.

¿Has ido hace poco a alguna exposición? ¿La quieres recomendar?

Seré el comisario de la gran exposición sobre Leonardo da Vinci en España en 2019 con motivo del 500 aniversario de su muerte. Todo lo que veo últimamente gira en torno al maestro florentino así que poco puedo recomendar. ¡Lo siento!

-Si tuvieras tiempo, nos gustaría que eligieras una obra de nuestra web y nos contases por qué la has elegido. http://www.mecenas20.com/es/compra-arte/

Me ha enamorado “Serie Huérfanos de Babel” de Gustavo Díaz Sosa. Esa mezcla que se debate entre lo finito y lo inacabado me recuerda a otra cita del de Vinci: “Una obra de arte nunca se termina, solo se abandona.” Parece que el lino se convierte en papiro, en una hoja perdida de papel extraída de cualquier códice, y cargado de simbología. Hay demasiadas alegorías que se me escapan y que me gustaría tratar con el autor. En definitiva, creo que puedo aprender con esta obra. Y eso es muy motivante.

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Serie huerfanos de Babel. Gustavo Díaz Sosa 2016

 

 

 

 

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